martes, 25 de marzo de 2008

No es realismo mágico... es mi vida cotidiana.

Muchas personas deben contar entre sus anécdotas el encuentro con una serpiente... "culebra", como uno de los menos agradables, pues no es de lo más común el animalito. Pero pocas personas cuentan, con que este animalito de unos tres metros de longitud y veinte kilogramos de peso, se transforme en el entretenimiento principal de una parrilla familiar.

Pues si... algo asi como un sábado de Semana Santa se organizó un templete familiar (dícese de fiestas en argot popular), exactamente una parrilla... Son realmente apreciadas en estos predios. Y habia que ponerlo todo en su santo lugar; la parrillera, los platos plásticos, la punta adobada a marinar, las cervezas a enfriar...

Mientras yo aseaba a mis mascoticas, se me ocurrió echarles agua a unas matas seeeecas por el calor en el patio, cuando a cierta distancia veo un gran bulto adosado a la pared de vecino. ¿Qué será eso? Se ve asqueroso, pensé. Pues cual no sería mi sorpresa cuando el "bulto" empezó a mover la cabeza! Era una serpiente enorme!!!!!! Marrón por el dorso y de pintas por la barriga, el animal estaba pesado, le costaba hasta respirar.

Como yo les tengo terror a dichos animales, comencé a gritarle a mi mamá; no sé por qué aunque uno tenga 1000 años piensa que los padres son protectores... Cuando mi mamá logró verla, su reacción inmediata fue "espera que llegue tu papá a ver que hace con ese animal", como si mi papá fuese un pupilo del difunto Steve Irwin, el famoso cazacocodrilos.
Después de caminar como un perro que se persigue la cola y con sugerencia de unas buenas amigas, me decido a llamar a los bomberos, cabe destacar que mi "Steve" había salido a comprar carbón para la parrilla... Otra sorpresa más, como diria el famoso ciudadano Leopoldo Castillo, cuando el oficial en la estación de bomberos me explica: "positivo, nosotros retiramos animales peligrosos; pero en este momento no hay nadie en la estación, asi que no le puedo ayudar".
¡Casi me desmayo! Si me parecía insólito que en mi casa la mayor preocupación era la parrilla, qué esperanza le queda a los ciudadanos si el cuerpo de bomberos también tiene asueto de Semana Santa.

Muy decepcionada y en otro acto de realismo mágico, decidí que si bien no podía hacer nada me iría a la peluquería; por lo menos dejaría de verme como la otrora Shakira de principios de 2000, con sus irreverentes raíces negras en una inmesa maraña pelinegra...
Después de unas tres horas de spa terapéutico, era hora de volver a casa. Si mi incredulidad estaba en un pico, creo que rompió todos los precedentes al encontrar a mis primitos de 3 y 5 años respectivamente "haciendo un fuerte para vigilar a la culebra" como a un metro de distancia del agujero donde nuestra nueva adquisición descansaba.
Y era casi un chiste colectivo, hombres, mujeres y niños manifestaban sus ideas al respecto; que si le tengo miedo, que si se mete por la ventana, que por que no buscamos un palo para sacarla y matarla... todo esto entre carne, yuca, ensalada y cerveza.

Cayó la tarde y con ella, el desinterés por el animalito en cuestión...supongo que la pobre serpiente se descubriria en una especie de circo romano y por eso no sacó ni la cola el resto del día.
De los bomberos, ni la sombra, ni una llamada a ver si habíamos tenido problemas con la serpiente... Mi familia se fue felizmente satisfecha de una tarde de comida y chistes, y hasta el sol de hoy, no hemos vuelto a ver al animal. ¿Será que se dio cuenta que nosotros somos mucho más peligrosos que ella, y decidió irse?

3 comentarios:

PebbLes dijo...

ay! lo que me espera en el Delta. Me dio terror tu cuento y lo peor es que yo crecí en un monte, y una vez tuvimos un episodio similar en el salón del colegio.

Manuela Zárate dijo...

Chaaammaa...que heavy. Son de acero, yo no hubiese podido hacer más nada hasta que no estuviera muerto el bicho o bien lejos en un zoologico!!! Jajajaja..

Doña Treme dijo...

Sabes cual es la mejor parte de esta historia? Que si el animal se fue, fue voluntariamente. Los bomberos jamas fueron, la gente quedo feliz con la parrilla y nosotros seguimos en la misma casa...

y tu eres el número:

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