jueves, 4 de noviembre de 2010

Crónica de un secuestro


Enrique era un muchacho normal, de 27 años de edad. Abogado de profesión, había decidió trabajar con su papá el negocio de la construcción. Era un muchacho tranquilo, simpático y buena gente. De verdad, no inspiraba ninguna maldad.
Hace poco más de una semana, Enrique fue secuestrado llegando al negocio de su papá. Rápidamente los plagiarios contactaron a su familia pidiendo las perlas de la virgen. Perlas que la familia no tenía. En Venezuela el hampa no comprende que todo aquel que tiene un negocio propio no es millonario, ni tiene una cama llena de morocotas en su casa.
La familia de Enrique hizo lo que se presume es la mejor práctica: contactar a la policía anti secuestros. Ellos manejaban la operación. Luego de negociar un mejor precio por la vida de Enrique (cómo si la vida tuviese precio en metálico) concertaron lugar y fecha para el intercambio.
Cómo en la canción de Ricardo Arjona; algo salió mal: la policía llegó al sitio del intercambio y lo que consiguió fue a efectivos de las fuerzas armadas, de esos que dicen “el honor es su divisa”. Estos elementos no pudieron justificar que hacían en ese sitio a esa hora de la noche, por lo que obviamente no hubo intercambio… y tristemente tampoco hubo un final feliz para esta historia. Presumo que al verse descubiertos e incapaces de cobrar el rescate, decidieron matar a Enrique.
Para Enrique no hay hoy, ni mañana. Nueve disparos en la espalda le arrancaron la vida. Y para nosotros, los que seguimos viviendo en la tierra de nadie, habrá mañana?
Estoy segura que Dios recibió con los brazos abiertos a Enrique…

2 comentarios:

Manuela Zárate dijo...

Sin palabras. De verdad que historia tan terrible. Y tan común, que es lo más triste. Tenemos que despertar Dios!

DINOBAT dijo...

La Joda Nacional no tiene límites conocidos para los humanos...

y tu eres el número:

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